domingo, 25 de marzo de 2012

Odio ir a comprar ropa.

Con el principio del otoño, me llegó la horrenda hora de agregar un par de ítems a mi guardarropas con el único fin de no cagarme de frío, pero tampoco de calor, porque eso es lo que tiene el otoño: nunca sabés qué mierda ponerte, porque con una remera de manga corta te congelás; con una campera un cachito gruesa transpirás como un maratonista. Así que emprendí la búsqueda de las prendas de media estación, con toda mi  mala onda a cuestas. No puedo evitarlo: odio ir a comprar ropa, porque no me gusta TODO lo que veo en vidriera, pero cuando encuentro algo, pasa lo siguiente:
1) Me queda para el carajo cuando me lo pruebo.
2) La delgadez también es difícil de sobrellevar: rara vez tienen el talle que me queda cómodo. Porque sí, me gusta la ropa holgada, pero tampoco para que parezca que salí a la calle en camisón.
3) Si me gusta una cosa de color celeste chillón, nunca tienen en negro o algún color medianamente decente.
4) Me violan con el precio.
5) Directamente no me gusta nada, pero eso se suele arreglar cambiando de local.
Por supuesto, me ocurrió todo esto en el día de hoy. Y más.

Local de ropa femenina:

—Mirá, este a vos te quedaría hermoso.
—¿No tenés algo más holgado?
—Tengo esto que es chupín.
—NO  (Dios mío). Gracias, pero necesito que sea más holgado...
—Ah, mirá, tengo este que te podría gustar...
—NO. A VER. NO QUIERO NADA QUE ME MARQUE EL CULO (que no tengo, pero ese no es el punto).
Y acá la tipa que tanto insiste en venderme algo que no es lo que le pido, pone cara de nada:
—Entonces no tenemos.

Acto seguido, me refugio en un local de ropa masculina, pensando en que a las minas les debe gustar que les sude la canaleta adentro de los pantalones apretados que la otra idiota me quería encajar. Se ve que es la última moda, porque la que me atendió en este otro local tenía unos pantalones que me parecía haberlos visto antes...
—Me gusta este, ¿tenés en un talle un toque más chico?
—Sí, te lo muestro, mirá.
—Uh, qué bueno, ¿me lo puedo probar?
—¿Cómo? ¿ES PARA VOS?

PERO LA PUTA QUE TE PARIÓ. Sí, sí, sí, los genitales de tu abuela materna, ¿por qué me mirás con esa cara de pelotuda? Vos sos otra que asfixia la empanada en la tela de jean. Lindo perfumito te estará largando ahora si este local está abierto desde la mañana...

—ASLFKJAKLSA (a punto de reventar). No che, no me va.
—Y... es que es de hombre...
—(A VER, HIJA DE PUTA, ¿VAS A SEGUIR?) Yo me he probado mucha ropa de hombre. Hasta ahora no tuve problemas...
—Y bueno.

"Y BUENO" ME DICE. "Y BUENO".
ACABÁS DE PERDER UNA VENTA. POR CONCHUDA.


No me compré nada. Ni ahí ni en ningún otro lado. Claro que, antes de eso, había enloquecido a otros tantos vendedores por la parte de arriba del atuendo, sólo para llevarme dos camisetas comunes, en el local de la tipa que más paciencia me tuvo. Un aplauso para esa señora que sí sabe lidiar con clientes difíciles...

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